¿Hambre cero?

POR NARCISO ISA CONDE.- En ninguna parte del mundo se ha logrado hambre cero, con permanencia en el tiempo, ejecutando políticas asistencialistas. Menos aún, en un país en que el empobrecimiento general, medido por los salarios, afectó al 49.7% de los hombres y el 56.8 % a las mujeres trabajadoras y sus dependientes, y la pobreza extrema a un 23.3% en hombres y un 28% en mujeres, según estudios realizados por la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y la Fundación Bosch.
Aquí no se han inventado fórmulas mediante las cuales la oligarquía capitalista dominante (corporaciones transnacionales y multimillonarios “criollos”), cual que sea el partido y el presidente de derecha gobernante, se proponga lograr esa meta.
La pobreza no es simplemente monetaria y el hambre no es un mal que se supere con cifras ofertadas por un gobierno “bultero” a cualquier organismo de un orden mundial en crisis y manipulado. Las desigualdades brutales determinan diferentes modalidades de hambre.
América Latina y el Caribe es la región más desigual del mundo en distribución de ingresos y República Dominicana es uno de los países más desigual en esta región.
Datos suministrados por la Oxfam expresan que el 10% más rico de la región posee el 71% de las riquezas y que el 1% más rico concentra el 40% de la riqueza; esto es, que 32 mega-millonarios acumulan fortunas equivalentes a las riquezas en manos de 300 millones de personas, la mitad de la población más pobre de la región.
En República Dominicana hay alrededor de 265 multimillonarios y los ingresos generados por su riqueza son tan extremadamente altos que, una persona del 20% más pobre del país tendría que trabajar 214 años para poder ganar lo que gana en un mes uno de los 265 multimillonarios dominicanos en dólares. Entre los multimillonarios hay una élite pequeña de mil-millonarios.
Ir a la raíz de este asunto crucial no es cuestión de este presidente o aquel partido. No es asunto de rostros ni de capacidad de mentir. La dominación es estructural y hay que combatirla de raíz, en tanto se trata de todo un sistema de dominación: clase, estado, poder, ideología, cultura… Miren incluso la pobreza, el hambre y las desigualdades en las calles de EE. UU., el país capitalista más rico del mundo,
Esta tragedia social exige un pensamiento y un accionar que desnuden esa dominación; enarbolando un programa transformador. Exige crear contrapoder y convertirlo en poder popular en todo el país: “ejercicio directo, democrático y participativo del pueblo en la toma de decisiones”.






